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sábado, 25 de febrero de 2012

él era un chico con los labios besados, y ella lo sabía.

Cada atardecer en aquel banco con mil y un nombres de parejas felices gravados en su oscura madera, mojada por la lluvia del invierno, allí sentada estaba ella, viendo pasar a los jóvenes dándose besos y agarrados de la mano, caminando, susurrándose cuanto se quieren al oído, intercambiando miradas y sonrisas. A ella la envidia le estaba recorriendo el cuerpo, pero gracias a Sum 41, que sonaba en sus auriculares podía soportar que nunca le tendría; que nunca tendría a ese chico que le comprendiese con solo mirarle, aquel con quien convertiría todos sus recuerdos en unas petas, y se los fumarían juntos bajo el sol del verano. Estaba acostumbrada a ver a todo el mundo feliz, a ver miles de sonrisas pasar por delante de sus ojos pero la única sonrisa que vio delante del espejo fue esa sonrisa tonta, al pensar en él, ese chico que quería. Ella sabía que él era un chico con los labios besados, que era demasiado superficial para fijarse en ella, una tía normal, ni muy guapa ni muy fea, ni lista ni tonta, pero bastante loca y tímida, lo sabía pero le quería muchísimo como para dejar rendirse así, sin luchar.



2 comentarios:

NancyBitzh dijo...

Hay que hermosa, me ha encantado la entrada escribes maravilloso y tu blog es sencillamente adorable, Te mando un abrazo!

Yamilet.. dijo...

Pues animo, a luchar!!
Excelente entrada, besos.